El Duomo de Florencia: una maravilla arquitectónica

Duomo de Florencia

Después de 12 días recorriendo Liguria y la Toscana ha llegado el momento de poner punto final a nuestro viaje por Italia. Y lo haremos despidiéndonos de Florencia de una manera muy especial. Hoy vamos a visitar el magnífico Duomo, una de las visitas imprescindibles en cualquier viaje a esta maravillosa ciudad.

Conjunto monumental del Duomo de Florencia: seis visitas en una

Lo primero que hay que saber antes de hacer esta visita es que el conjunto monumental del Duomo incluye el acceso a la Catedral de Santa Maria del Fiore, la Cúpula de Brunelleschi, el Campanile de Giotto, el Battistero di San Giovanni, la Cripta de Santa Reparata y el Museo dell’Opera. Por el módico precio de 15€ por persona se puede visitar todo el conjunto. Lo único que se puede visitar de forma gratuita es la Catedral de Santa Maria del Fiore. Si no os interesa ver el resto, os podéis ahorrar los 15€. Eso sí, nosotros no os lo aconsejamos. Merece totalmente la pena subir al Campanile y a la Cúpula de Brunelleschi, a pesar de lo cansado que puede llegar a ser el ascenso hasta allí.

Como hay tanto que ver, la entrada tiene validez durante 48 horas consecutivas desde que se valida por primera vez. Eso permite repartir la visita y no hacerlo todo de una sola vez. Quizá sea una buena idea en cuanto a la Cúpula y el Campanile, ya que en ambos casos hay que subir más de 400 escalones. Puede ser bastante cansado, aunque también hay que decir que nosotros subimos a la Cúpula justo después de bajar del Campanile y lo logramos sin morir en el intento.

Eligiendo fecha y hora para visitar la cúpula

La única cosa imprescindible que debéis tener en cuenta antes de vuestro viaje es que para visitar la Cúpula de Brunelleschi hay que elegir una fecha y una hora concretas que no se pueden modificar. Si compráis las entradas por adelantado a través de la página web oficial, deberéis elegir el día y la hora. Si luego no os presentáis o llegáis tarde, os quedaréis sin ver la Cúpula. Como ya os contamos en este otro post, nosotros no habíamos comprado las entradas de forma anticipada. Eso hizo que en el momento de adquirirlas ya no quedaran plazas disponibles para subir a la Cúpula de Brunelleschi ese mismo día. Es por eso que decidimos posponerlo todo hasta ahora, en la que va a ser nuestra última mañana en Florencia.

Piazza del Duomo

Llegamos temprano a la Piazza del Duomo. La visita a la Cúpula no es hasta las 11:30, pero sabemos que se forman grandes colas en todas partes y preferimos ser previsores. Damos una vuelta por la plaza, admirando por última vez el exquisito exterior del Duomo. Realizado en mármol blanco, verde y rosa, es de una belleza excepcional.

Battistero di San Giovanni

Nos decantamos por empezar la visita por el Battistero di San Giovanni. De forma octogonal, está realizado en mármol blanco y negro. Como suele ser habitual en Italia, el baptisterio se encuentra en un edificio separado de la catedral. En su interior está la pila bautismal donde se bautizaba a los habitantes de Florencia. Si hay algo por lo que es famoso el Battistero de San Giovanni es por las Puertas del Paraíso de Ghiberti.

Estas puertas de bronce se dividen en diez paneles en los que se representan escenas del Antiguo Testamento y son una auténtica maravilla. Las originales se pueden admirar en el Museo dell’Opera, aunque las réplicas que ocupan su lugar son igualmente fantásticas.

Un detalle de las Puertas del Paraíso

El interior del baptisterio dedicado a San Juan Bautista tampoco os dejará indiferentes. El interior de la cúpula está recubierto por unos mosaicos bizantinos que recuerdan mucho a los de la Basílica de San Marcos, en Venecia.

Campanile de Giotto

Al salir, como aún falta un buen rato para las 11:30, vamos a comprobar si hay mucha cola para subir al Campanile. Como no hay demasiada gente esperando decidimos subir ahora. Al igual que sucede con el baptisterio, el campanario de Santa Maria del Fiore también se encuentra separado del edificio de la catedral. Con sus casi 85 metros de altura, el Campanile es bien visible desde muchos puntos de la ciudad, igual que la Cúpula de Brunelleschi.

Para llegar a la terraza panorámica de la parte superior hay que subir nada menos que 414 escalones. No existe ningún ascensor, así que no nos queda más remedio que sudar la gota gorda para alcanzar nuestro objetivo. Las escaleras son estrechas y un poco agobiantes.

Se hace imposible pararse a descansar ya que llevamos una hilera de gente detrás. Lo bueno es que el campanario se divide en varias secciones y en cada una de ellas se abre una terraza en la que detenerse un rato a tomar aire y coger fuerzas para seguir subiendo.

Desde el Campanile se tienen unas vistas magníficas a la Cúpula de Brunelleschi

Las vistas que se tienen desde el Campanile son fantásticas. Sin duda es un mirador estupendo desde el que contemplar Florencia. Tras pasar un buen rato admirando la ciudad desde las alturas, nos toca emprender el camino de bajada.

Cúpula de Brunelleschi

Ahora sí que ha llegado el momento de subir a la Cúpula de Brunelleschi. La cola es abrumadora, pero como tenemos la hora reservada no debemos preocuparnos. A nuestra hora nos hacen pasar y comenzamos el ascenso. Teniendo en cuenta que ya tenemos las piernas bastante cansadas después de la visita al campanario, nos sorprende comprobar que la subida no se nos hace nada pesada. En este primer tramo la escalera no es excesivamente estrecha y avanzamos con facilidad. Cuando finalmente llegamos a la pasarela circular que rodea la parte inferior de la cúpula nos quedamos boquiabiertos.

Sus dimensiones, que desde el exterior ya son asombrosas, resultan colosales desde tan cerca. No hay que olvidar que mide 45 metros de diámetro. No podemos detenernos tanto como nos gustaría a admirar los frescos que decoran el interior de la cúpula, ya que por detrás de nosotros sigue llegando más gente.

A partir de este punto es cuando la cosa se pone realmente interesante. Accedemos a una escalera de caracol muy estrecha que poco a poco se va inclinando siguiendo la curvatura de la cúpula. No es algo nuevo para nosotros, que ya habíamos subido a la cúpula de la Basílica de San Pedro en Roma hace algún tiempo, pero no deja de resultar fascinante. La subida se va ralentizando ya que la escalera es compartida por los que subimos y los que bajan, así que toca ir parando de vez en cuando para dejar pasar a los que van en dirección contraria.

Unas vistas magníficas

El último tramo es sin duda el “peor”. La escalera sube casi en vertical por la bóveda interior de la cúpula y es imprescindible agarrarse bien a la barandilla. Un último esfuerzo y al fin salimos al exterior por una especie de trampilla. Las vistas son tan fantásticas como las que hemos tenido desde el Campanile, que ahora se alza frente a nosotros.

El mirador es bastante pequeño y está atestado de gente, así que vamos avanzando poco a poco hasta dar una vuelta completa. Hace un viento espantoso que nos obliga a sujetarnos, a riesgo de salir volando.

Catedral de Santa Maria del Fiore

A continuación bajamos por donde hemos subido y nos dirigimos a visitar el interior del Duomo. Como en muchas otras catedrales de Italia, las normas de vestuario para entrar al Duomo son bastante estrictas. Nada de pantalones o faldas demasiado cortos, y olvidaos de las camisetas de tirantes. Si no lo habéis tenido en cuenta no sufráis: multitud de vendedores ambulantes se pasean por los alrededores vendiendo pañuelos a los visitantes menos previsores.

La Catedral de Santa Maria del Fiore nos sorprende mucho. Así como su exterior está bellamente decorado, su interior resulta extrañamente austero. Exceptuando la cúpula, el resto del Duomo carece apenas de ningún elemento decorativo. No es que no sea bonita, evidentemente, pero no podemos evitar sentir una pizca de decepción. Después de visitar la maravillosa Catedral de Siena, esperábamos algo más de la de Florencia.

Cripta de Santa Reparata y Museo dell’Opera

Desde el interior del Duomo bajamos a visitar la Cripta de Santa Reparata. La catedral se asienta sobre los restos del antiguo templo de Santa Reparata, que quedaron al descubierto tras realizar exhaustivas excavaciones arqueológicas. Precisamente en la cripta es donde reposan los restos de Brunelleschi, a quien tanto le debe la ciudad de Florencia.

Una vez en la calle vemos que se nos ha hecho un poco tarde. Todavía nos queda por ver el Museo dell’Opera. Allí se guardan muchas de las obras y esculturas originales que decoraban el Duomo, el Baptisterio y el Campanile. También se muestran maquetas y algunas de las herramientas empleadas durante la construcción de la catedral, por lo que sin duda debe de ser una visita de lo más interesante. No obstante, después de una mañana tan completa visitando todo el complejo del Duomo, optamos por dar por finalizada la visita.

El mejor final posible para un viaje fantástico

Así ponemos punto final a este maravilloso viaje que nos ha llevado a descubrir algunas de las regiones más bonitas de Italia. El Duomo ha supuesto la mejor despedida posible y es sin duda un recuerdo que quedará para siempre en nuestra memoria. Como no podía ser de otra forma, Italia nunca decepciona al visitante. Con su arte, cultura, paisajes y gastronomía, hace de cualquier viaje por sus tierras una experiencia única. Sabemos que volveremos porque aún nos quedan muchos rincones por descubrir. Y en menos de tres meses nos toca conocer Venecia, un destino único en el mundo. Pero de eso ya os hablaremos en otra serie de posts dedicados a la ciudad de los canales.

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