Port Townsend: una joya victoriana junto al mar

Si os encontráis en Seattle y disponéis del tiempo suficiente para visitar los alrededores de la ciudad, sin duda tenéis multitud de opciones interesantes entre las que elegir. En nuestro caso, lo primero que hicimos fue acercarnos hasta la Olympic Peninsula para conocer el pequeño pueblo de Port Townsend.

Situada al oeste de Seattle, la Olympic Peninsula se extiende por una gran superficie, cuya mayor parte está ocupada por el Olympic National Park. Nosostros optamos por circunvalar la península en el sentido inverso a las agujas del reloj, siendo la carretera US-101 nuestro eje principal. Desde allí tomamos pequeños desvíos para visitar los distintos puntos de interés que hay por el camino.

Este es el recorrido que seguimos por la Olympic Peninsula, con todos los lugares que visitamos por el camino.

Tras abandonar Seattle, dedicamos tres días a explorar la Olympic Peninsula. Sin duda fue una decisión de lo más acertada, porque este rincón de Washington ofrece unos paisajes espectaculares de los que os iremos contando más cosas en los siguientes posts. En éste, os hablaremos sobre Port Townsend, el pueblecito victoriano que nos robó el corazón.

Un breve trayecto en ferry

Hay dos formas de llegar a la península Olympic en coche desde Seattle. Como se encuentra al otro lado del estrecho de Puget, la forma más directa es coger uno de los muchos ferris que conectan la ciudad con la península. Esa fue la opción que nosotros elegimos, por ser la más rápida. También se puede dar un largo rodeo por tierra, que implica conducir unos 100 kilómetros extra. Para nosotros estuvo claro desde el principio cuál era la mejor opción.

El ferry que nosotros tomamos es el que lleva a Bainbridge Island. La terminal del ferry está en el 801 de Alaskan Way (Pier 52). El acceso es muy sencillo y todo está perfectamente señalizado, así que no hay pérdida posible. En la página web del Washington State Department of Transportation encontraréis toda la información sobre horarios y tarifas.

Ferris como éste conectan Seattle con Bainbridge Island.

El ferry resulta de lo más económico. Nos costó 25,30 dólares por el coche con conductor más un pasajero adicional. El trayecto es bastante breve, dura unos 25 minutos aproximadamente. Si tenéis en cuenta lo que os ahorráis en tiempo y gasolina, desde luego es una buena inversión.

Los ferris empiezan a funcionar bien temprano. El nuestro lo cogimos a las 6:10 de la mañana, pero el madrugón valió la pena porque así pudimos aprovechar bien el día. A esa hora solo nos encontramos con trabajadores (en su mayoría de la construcción) que iban con sus enormes camionetas llenas de herramientas.

Un agradable paseo matutino por Port Townsend

Port Townsend es un precioso pueblo portuario de estilo victoriano lleno de tiendecitas con encanto y casitas preciosas de madera. Durante la segunda mitad del siglo XIX, Port Townsend se había convertido en un importante puerto de mercancías.

Port Townsend

Una gran cantidad de buques mercantes recalaban allí, lo que impulsó la economía local. Sin embargo, a finales de siglo Port Townsend entró en declive rápidamente, lo que en realidad fue una suerte porque le permitió mantener su esencia y no caer presa de la vorágine constructora que hubiera acabado con todo su encanto.

Durante su época de mayor esplendor se construyeron muchos edificios en estilo victoriano. Se han conservado a la perfección y hoy en día lucen en todo su esplendor. Water Street, la calle principal, es donde se encuentran la mayoría de joyas victorianas de Port Townsend.

Llena de agradables cafeterías, pequeños restaurantes y bonitas tiendas, Water Street es la calle comercial perfecta para dar un paseo mientras se admiran los edificios históricos que la jalonan. Nosotros hemos llegado bastante temprano, son poco más de las nueve de la mañana, y la mayoría de tiendas aún están cerradas.

Los tesoros escondidos de Port Townsend

Al final de Taylor Street hay un pequeño muelle desde donde se tienen unas vistas inmejorables de la ciudad. Con el día tan estupendo que hace, es un placer pasear cerca del mar.

En la esquina de las calles Taylor y Washington hay un tramo de escaleras que llevan a la parte alta de Port Townsend. El desnivel es bastante grande, pero las vistas que nos recompensan desde lo alto merecen el esfuerzo.

Las casas que encontramos en la zona residencial de Port Townsend son espectaculares. Son las típicas casas de madera, cada cual de un color distinto y todas con unos jardines muy cuidados. Deambulamos un rato por allí, decidiendo en cuál de ellas preferiríamos vivir.

Iglesias de madera y otras reliquias históricas

En Jefferson Street entramos a ver la minúscula iglesia de St. Paul’s Episcopal Church. Es toda de madera, de un color blanco inmaculado. La puerta roja le aporta un toque de color. Sin duda es una auténtica preciosidad.

El interior tiene una curiosa forma. Sus vigas de madera tienen una forma parecida a la quilla de un barco. Teniendo en cuenta el pasado portuario de Port Townsend, es imposible no fijarse en ese detalle.

Frente a la iglesia se encuentra la Bell Tower, una estructura de madera de color rojo con una campana. Antiguamente se usaba para llamar a sus puestos a los bomberos voluntarios en caso de incendio. Data de 1890 y es la única torre de este tipo que se conoce en Estados Unidos.

En Franklin Street encontramos otra preciosa iglesia que data de 1873. Se trata de la First Presbyterian Church, también de madera blanca.

Cuando emprendemos el camino de vuelta al lugar donde hemos dejado el coche nos topamos con una última sorpresa. Una preciosa camioneta Chevrolet 3600 de los años 50 está aparcada a la sombra de un árbol. Con tantos años a cuestas, no nos sorprende que esté un poco oxidada, pero encontrarnos con esta pieza de museo en mitad de la calle nos da una alegría.


Hemos pasado una agradable mañana en Port Townsend. Sin duda es una auténtica joya llena de historia que vale la pena acercarse a conocer. Es una lástima que nos tengamos que marchar tan pronto, pero nuevos lugares por descubrir nos esperan.

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