La Toscana II: Siena y Monteriggioni

Siena

En nuestra segunda jornada recorriendo los pueblos más bonitos de la Toscana vamos a conocer el diminuto pueblo medieval de Monteriggioni y la señorial y elegante Siena. Tras nuestra visita a Volterra y San Gimignano del día anterior, estamos más que dispuestos a seguir descubriendo esta bonita región de Italia.

Monteriggioni: un viaje en el tiempo a la Edad Media

Poco más de 25 km separan San Gimignano de Monteriggioni, que a su vez se encuentra a unos 20 km de Siena. Esta pequeña población, encaramada en lo alto de una colina, es visible desde lejos. Sus murallas se conservan completamente intactas, al igual que las casas que hay en su interior. Todo el conjunto fue edificado en el siglo XIII como medida de protección ante los conflictos entre Siena y Florencia.

A los pies de Monteriggioni hay un enorme aparcamiento de pago en el que dejar el coche. Como llegamos antes de las diez de la mañana, tenemos suerte de encontrar una plaza libre en la pequeña zona de aparcamiento gratuito que hay allí mismo.

Un diminuto pueblo medieval

Una corta caminata nos conduce hasta la Porta Franca, una de las dos únicas entradas al recinto amurallado. Visto desde fuera, Monteriggioni impresiona. De los altos muros de piedra sobresalen catorce torres defensivas en perfecto estado de conservación.

Una de las cosas que más nos sorprenden de Monteriggioni es lo pequeño que es. La Piazza Roma es la plaza principal del pueblo. En ella se encuentra la iglesia románica de Santa María. Además de esta plaza, tan solo hay tres calles más en todo el pueblo. Pasear por ellas es como trasladarse a la Edad Media. Quizá por eso se celebra allí cada mes de julio el Festival Medieval de Monteriggioni. En esta página web os podéis hacer una idea de lo que os encontraréis en caso de visitarlo durante este festival. Durante esos días la ambientación medieval del pueblo es total y se celebran todo tipo de espectáculos en la calle.

Piazza Roma

Nuestra visita no coincidió con las fechas del festival, ya que llegamos al día siguiente de que finalizara. Aún así, las calles están llenas de tenderetes en los que vendedores disfrazados están empezando a colocar sus productos a la venta para los visitantes. Aunque ya son más de las diez de la mañana, la mayoría aún están cerrados pero seguro que la cosa se irá animando a medida que avance el día. Por suerte, para entonces ya nos habremos marchado de esta trampa para turistas.

Otra pequeña plaza en la parte trasera del pueblo.

Unas vistas impresionantes desde la muralla

Una de las cosas más interesantes que se pueden hacer en Monteriggioni, además de pasear por sus calles, es subir a las murallas. Algunos tramos se han habilitado con unas pasarelas y se pueden recorrer mientras se disfruta de unas vistas impresionantes de los alrededores. Incluso alcanzamos a divisar el perfil inconfundible de San Gimignano en la lejanía, con sus altas torres despuntando en el horizonte.

El paisaje típicamente toscano que se puede ver desde la muralla.

Tras un rato disfrutando de las vistas, damos por terminada la visita a Monteriggioni. Ha sido una visita rápida, de menos de una hora. Las reducidas dimensiones del pueblo hacen que sea perfecto para una breve parada en el camino hacia Siena. No es que no nos haya gustado, ya que se trata sin duda de una auténtica joya medieval. Pero ese cierto ambiente de parque temático no es lo nuestro.

Siena: una ciudad monumental

Dejamos atrás las murallas de Monteriggioni y ponemos rumbo a Siena. Antes de dirigirnos al centro de la ciudad vamos a instalarnos en el camping donde vamos a pasar la noche. Se trata del Camping Siena Colleverde, situado a las afueras de la ciudad. Es un camping estupendo que además cuenta con una piscina fantástica. Ya os hablamos de él en este otro post. Decidimos relajarnos un poco antes de visitar Siena, así que dedicamos el resto de la mañana a darnos un baño en la piscina, que tenemos prácticamente para nosotros solos. Tras comer unas porciones de pizza margarita que habíamos comprado esta mañana en un supermercado, nos arreglamos y salimos a la calle dispuestos a explorar la ciudad.

Para llegar al centro no podemos ir andando, está demasiado lejos. Nos quedan dos opciones: coche o autobús. Como aparcar en el centro puede ser imposible (o muy caro), optamos por el transporte público. Junto a la entrada del camping paran un par de autobuses que llevan al centro. En la recepción es posible comprar los billetes, que cuestan 1,20€ por persona y trayecto. El autobús que cogemos es el número 3, que nos deja en la Piazza Antonio Gramsci.

Uno de los primeros rincones especiales con los que nos encontramos al bajarnos del autobús es el Palazzo Salimbeni, situado en la plaza del mismo nombre.

Piazza del Campo: una de las plazas más espectaculares de Italia

Desde allí vamos paseando por la Via Banchi di Sopra hasta la que sin duda es una de las plazas más espectaculares que hemos visto nunca: la Piazza del Campo. Es el corazón de Siena y donde se alza el impresionante Palazzo Pubblico.

Es imposible pisar esta plaza y no quedarse boquiabierto al contemplar el magnífico palacio. Actualmente es la sede del ayuntamiento de Siena y en su interior alberga el Museo Cívico, lo que hace posible su visita.

Junto a la entrada del Museo Cívico se puede admirar esta estatua de la Loba Capitolina amamantando a Rómulo y Remo. En Siena abundan estas estatuas, que normalmente se asocian con Roma.  Todo cobra sentido si se tiene en cuenta que según la leyenda los hijos de Remo, asesinado por su hermano Rómulo, fundaron la ciudad de Siena. Para escapar de su tío Rómulo, Aschio y Senio huyeron de Roma llevándose consigo la Loba Capitolina. Al llegar a esta bonita zona de la Toscana fundaron Siena, que recibió su nombre por Senio.

También se puede subir a lo alto de la Torre del Mangia, la impresionante torre campanario de 102 metros de altura que se ha convertido en la imagen más reconocible de Siena.

Para acceder al Museo Cívico y a la Torre del Mangia hay que pagar entrada. Los precios los podéis consultar en la página web del ayuntamiento. Nosotros optamos por disfrutar de estos monumentos solamente por fuera, pero si os interesa realizar esta visita quizá os convenga comprar el billete combinado que permite acceder a ambos, además de a Santa Maria della Scala.

Otra perspectiva del Palazzo Pubblico.

Santa Maria della Scala fue un antiguo hospital, de los primeros que hubo en Europa. Una de sus misiones era hospedar a los peregrinos que se dirigían a Roma, puesto que Siena se halla en plena Vía Francígena. Se encuentra en la Piazza del Duomo, frente a la catedral, y en esta web tenéis más información sobre lo que se puede encontrar en su interior.

Una fiesta medieval muy viva

Pasamos un buen rato en la Piazza del Campo. Nos acercamos hasta la Fuente Gaia, en el extremo de la plaza opuesto al Palazzo Pubblico. La fuente data del siglo XV y está rodeada por una verja de hierro. Aprovechamos para rellenar nuestras botellas de agua, ya que hace un calor insoportable.

Hubiera sido interesante ver la Piazza del Campo durante la celebración de la Fiesta del Palio. Esta carrera de caballos que se celebra anualmente en Siena es mundialmente famosa. La ciudad se engalana para la ocasión y la plaza se convierte en hipódromo improvisado.

Los distintos barrios de la ciudad lucen con orgullo sus colores, incluso en las farolas de la calle.

Pero hemos llegado una semana tarde, así que nos conformamos con imaginarnos el ambiente que se debe de respirar durante esta competición que enfrenta a los distintos barrios de la ciudad y que se remonta a la Edad Media.

Un rincón de las calles medievales de Siena. Al fondo sobresale la Torre del Mangia.
Escenas de la vida cotidiana en las calles de Siena.

Piazza del Mercato: una vista diferente del Palazzo Pubblico

Dando un rodeo por las calles aledañas a la Piazza del Campo vamos a parar a la Piazza del Mercato. Esta plaza da a la fachada posterior del Palazzo Pubblico y permite obtener una vista distinta del magnífico edificio.

La mayor parte de la plaza la ocupa una estructura cubierta llamada Tartarugone, bajo la cual se instala un mercado de antigüedades el tercer domingo de cada mes.

Las vistas que se tienen desde esta plaza son preciosas. Forma una especie de mirador natural y ofrece una imagen diferente de Siena.

Una ciudad perfecta para los amantes del dulce

Un agradable paseo por las calles de Siena nos acerca hasta la Piazza del Duomo. Por el camino aprovechamos para entrar en una de las muchas tiendas que venden dulces típicos de Siena. Probamos los ricciarelli, una especie de galletas hechas a base de almendra que están deliciosas. Tampoco dejamos pasar la ocasión de probar el panforte, una torta hecha a base de fruta y frutos secos.

Los golosos disfrutarán de lo lindo durante una visita a Siena.

Una de las más populares es la de higo y nueces, muy similar al pan de higo, aunque las hay de otras variedades e incluso de chocolate. Otro dulce que también abunda en las pastelerías de Siena son los cantuccini, una auténtica delicia si se mojan en café, leche o vino dulce y que son igualitos a los carquinyolis, típicos de Catalunya.

Una visita imprescindible: el Duomo de Siena

Llegamos a la Catedral de Siena por su parte trasera, donde se encuentra el Battistero di San Giovanni. Unas escaleras y un arco de mármol nos conducen hasta la Piazza del Duomo, desde donde admirar la fachada principal de la catedral de Siena.

Esta catedral es de una belleza espectacular, tanto en su exterior como en su interior. Su fachada principal es de estilo gótico y destacan los mosaicos dorados y el gran rosetón. El delicado color rosado que predomina en la fachada contrasta con las típicas franjas de mármol blanco y negro del resto del edificio.

Antes de entrar debemos comprar los billetes. Aquí es donde cometemos un error llevados por nuestra tacañería a veces excesiva. En vez de gastarnos 13€ por persona y comprar el billete que incluye el acceso a todo, optamos por pagar para ver solamente el interior de la catedral y la Libreria Piccolomini, que cuesta 4€ por persona. Ahora nos arrepentimos, porque nos perdimos las vistas que se tienen de Siena desde el Panorama, al cual se accede desde el Museo dell’Opera. En la página web oficial de la catedral tenéis toda la información sobre los precios y horarios de visita.

En el rosetón de la catedral aparece representada la Última Cena.

Un interior espectacular

Una vez dentro de la catedral no sabemos hacia donde mirar primero. Todo el interior es absolutamente espectacular y no hay un solo rincón que no merezca nuestra atención.

Las columnas mantienen el patrón de franjas blancas y negras. Las bóvedas del techo están pintadas de color azul con estrellas doradas. Los mosaicos del suelo son impresionantes.

Uno de los 59 mosaicos que cubren el suelo de la catedral.

En el enorme rosetón aparece representada la Última Cena. Es difícil no sentirse abrumado por la gran belleza del Duomo de Siena, que a nuestro parecer no tiene nada que envidiarle a otros más famosos como en el Florencia (al menos por lo que respecta a su interior).

El altar mayor de la catedral.

Libreria Piccolomini: una biblioteca en honor a Pio II

Pero a pesar de lo bonita que es la catedral, su secreto mejor guardado lo constituye la pequeña Libreria Piccolomini, a la que se accede desde su interior. Esta biblioteca fue mandada construir por Francesco Todeschini Piccolomini, el futuro papa Pío III y sobrino de Pío II.

Un detalle de las paredes y el techo de la biblioteca.

En ella debía conservarse la colección de libros de la familia. Se encargó al pintor Pinturicchio la decoración del reducido espacio, quien cubrió las paredes y el techo con impresionantes frescos en los que se narra la vida de Pío II. El pequeño espacio alberga una colección de libros de cantos gregorianos a los que es difícil prestar atención ya que quedan eclipsados completamente por el resto de la sala.

Salimos de la catedral y pasamos de nuevo por la Piazza del Campo para despedirnos de Siena. Nos hemos enamorado totalmente de esta ciudad y de cada uno de sus rincones. Nos vamos a buscar el autobús que nos llevará de nuevo hasta el camping. Aún tenemos tiempo para otro baño en la piscina antes de preparar la cena. Mañana nos esperan más pueblos de la Toscana: Montalcino, Pienza y Montepulciano. ¿Serán tan bonitos como los que hemos visto hasta ahora o los superarán? Pronto lo averiguaremos.

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