La región del Lot: un viaje por los pueblos más bonitos de Francia

Autoire - Valle del Lot

A la hora de planificar una escapada cerca de casa, Francia siempre es una buena elección. Al margen de la romántica París, la oferta turística de Francia es inmensa. En este post os vamos a hablar de una de sus regiones estrella: la región del Lot.

El río Lot se sitúa en la región de Midi-Pyrénées, al sur del país. Es un afluente del Garona y su tramo más bonito se encuentra dentro del parque natural Causses du Quercy. El valle que se extiende junto al río está salpicado de pueblos llenos de encanto y cuenta con unos paisajes preciosos. Pero el río Lot no es el único que discurre por esta bonita región de Francia, aunque sea el que le da nombre. El río Dordoña se encuentra al norte de la región del Lot y también cuenta con unos paisajes excepcionales a su paso.

Aquí tenéis un mapa general de la región del Lot. Os hemos señalizado con un punto azul el lugar donde nos alojamos, que fue la base de operaciones desde la que hicimos todas las excursiones por la zona
En este otro mapa podéis ver la localización exacta de la región del Lot dentro de Francia

Aquí se puede disfrutar sin prisas de la faceta más rural y tranquila de Francia, de una gastronomía excelente y de la rica historia de la zona. Por su cercanía, la región del Lot es perfecta para disfrutar de unas breves vacaciones (como las de Semana Santa) o para una estancia un poco más larga. En cualquier caso, lo que es seguro es que la región del Lot no os defraudará.

Incluso llegamos a adentrarnos un poco en la colindante región del Perigord Noir. Aunque el Perigord merece una visita más amplia, no pudimos dejar pasar la ocasión de conocer un par de sus poblaciones más destacadas.

Para informaros a fondo sobre la región del Lot no dudéis en consultar la página web oficial de su oficina de turismo. Y si también hacéis una incursión en la región del Perigord Noir, aquí tenéis el enlace a esta otra página web.

Le Foursou : un encantador hotel rural

Para alojarnos, elegimos un precioso hotel rural en la tranquila población de Le Bouyssou. Se trata del hotel Le Foursou, y no pudimos haber elegido mejor. El hotel se encuentra en una bonita casa de piedra con una decoración campestre muy cuidada. Solo tiene 4 habitaciones y el ambiente es totalmente familiar. Durante nuestra estancia fuimos los únicos huéspedes, así que pudimos elegir la habitación que más nos gustó.

El alojamiento cuesta 60€ por noche. En el precio de la habitación viene el desayuno incluido, que prepara personalmente la dueña del hotel en su cocina. Os aseguramos que pocas veces hemos desayunado mejor que allí. La mujer sirve cada mañana crepes recién hechos, pan con mantequilla, tostadas con mermelada, zumos naturales de fruta… Todo fresco y recién hecho. Tanto ella como su marido son encantadores y compartirán mesa con vosotros si no os levantáis demasiado tarde.

Nuestro recorrido por el valle del Lot

Durante los seis días que duró nuestra estancia en la región del Lot, tuvimos ocasión de conocer las poblaciones más destacadas de la zona. Nuestro viaje coincidió con las vacaciones de Semana Santa. Ese año cayó a finales de marzo, lo que influyó bastante a la hora de visitar según qué lugares.

Al estar todavía en temporada baja (la temporada alta no suele empezar hasta el 1 de abril) nos encontramos con muchos negocios y algunos lugares turísticos cerrados al público. Por otro lado, eso nos permitió evitar las hordas de turistas que cada año visitan la región del Lot. Pudimos disfrutar de una gran tranquilidad y esa ventaja compensó cualquier inconveniente.

Viajar a finales de marzo implica que las temperaturas aún son un poco bajas y puede llover bastante. Pero salir a dar un paseo por los alrededores del hotel y disfrutar de este bonito paisaje invernal lo compensa con creces.

En cuanto a nuestro recorrido, lo fuimos decidiendo sobre la marcha. Hay tantos rincones interesantes que es difícil llegar a verlos todos en tan poco tiempo. Al buscar unas vacaciones relajadas, no íbamos con la agenda cargada de planes sino que optamos por tomarnos las cosas con calma. Eso nos permitió disfrutar de la región del Lot a un ritmo pausado, empapándonos bien de su belleza.

A continuación os daremos una breve pincelada sobre lo más interesante que vimos en las distintas poblaciones que visitamos. El listado está en el orden en que realizamos las visitas, pero se puede alterar perfectamente en función de vuestros intereses y del número de días que os quedéis por la zona.

Cahors

De camino a nuestro estupendo hotel rural en nuestro primer día de vacaciones, paramos para hacer una visita a la preciosa población de Cahors (la capital de la región del Lot) y su famoso puente Valentré. Lástima que justo en ese momento cayó una tromba de agua impresionante, que nos obligó a refugiarnos durante un buen rato bajo la marquesina de una parada de autobús. Por culpa de la lluvia no tenemos ninguna foto, ya que no quisimos arriesgarnos a que se nos mojara la cámara.

Pero os aseguramos que Cahors es una parada imprescindible y no os defraudará. Está edificada sobre un meandro del río Lot y varios puentes permiten cruzar sus aguas. El puente Valentré es sin duda el más famoso de ellos. Y no es de extrañar: se trata de una auténtica maravilla. Su construcción empezó en 1308 y se prolongó durante 50 años. Cuenta con tres espectaculares torres fortificadas que se alzan imponentes sobre el río. Cruzar por él es como transportarse automáticamente a la Edad Media.

El casco antiguo está muy bien conservado y, si no hubiera estado diluviando, hubiéramos disfrutado paseando por sus calles. Si sois aficionados al vino, no dejéis pasar la oportunidad de probar el excelente vino tinto de la zona, con denominación de origen.

Figeac

Después de Cahors, Figeac es la población más grande de la región del Lot. Con un rico patrimonio histórico, lo mejor es tomarse el tiempo necesario para recorrer sus calles sin prisas. Además de descubrir rincones llenos de encanto, os recomendamos acercaros hasta la iglesia de Saint Sauveur, del siglo XI.

Calles de Figeac e iglesia de Saint Sauveur
La bonita plaza Champollion y detalles de las calles de Figeac

Una visita de lo más interesante la constituye el Museo Champollion. Este museo rinde homenaje a Jean François Champollion, hijo pródigo de Figeac. En la que fue la casa natal del lingüista que consiguió descifrar los jeroglíficos egipcios gracias a la Piedra Rosetta se ha habilitado un museo dedicado a las escrituras del mundo. En la parte trasera del museo hay una pequeña plaza con una gran losa de granito negro en la que se han reproducido los caracteres de la Piedra Rosetta.

Museo Champollion
Inscripciones de la piedra Rosetta en el suelo

Si subís hasta la parte alta del pueblo no solo podréis admirar de cerca la bonita iglesia de Notre-Dame-du-Puy, sino que obtendréis unas vistas preciosas.

Iglesia de Notre-Dame-du-Puy
Vistas de Figeac

Tras un último paseo por las calles de Figeac nos acercamos a la Place de la Halle. Bajo una bonita estructura de hierro y madera se celebra todos los sábados el animado mercado semanal, aunque no coincidimos con él.

Place de la Halle
Place de la Halle

Capdenac

A poco más de seis kilómetros de Figeac se encuentra la encantadora población de Capdenac. Encaramada sobre un promontorio en un meandro del río Lot, Capdenac-le-Haut es un mirador natural con unas vistas fabulosas.

Unas vistas fantásticas del valle del Lot desde Capdenac

A más de 100 metros de altura, esta pequeña población está clasificada como uno de los pueblos más bellos de Francia. La visita a Capdenac es bastante rápida, ya que apenas cuenta con cuatro calles. Sin duda lo mejor son las vistas sobre el río Lot y los verdes prados de los alrededores.

Capdenac
Capdenac

Faycelles

Muy cerca de Capdenac y Figeac tenemos la población de Faycelles. Además de admirar sus bonitas casas y su pequeña iglesia, descubrimos que por Faycelles pasa una de las rutas del Camino de Santiago francés.

Detalle de dos casas de piedra y del campanario de la iglesia

Assier

Situado a tan solo 10 km de nuestro hotel en Le Bouyssou, Assier está atravesado por la carretera D-653. Se trata de un pequeño pueblo cuyo centro se sitúa en torno a la plaza de la iglesia. Pero lo realmente destacable, y lo que hizo que nos detuviéramos aquí, es su bonito castillo.

El Chateau d’Assier, de estilo renacentista, data del siglo XVI y es posible visitarlo. En su página web encontraréis los precios y horarios. Nosotros nos tuvimos que conformar con verlo por fuera, ya que dio la casualidad de ser martes, el día de cierre.

Dos detalles del castillo de Assier. Nos llamó la atención que las ventanas estuvieran así de desniveladas.

No teníamos planeado visitar Assier; en realidad ni siquiera sabíamos que existía hasta que pasamos por allí de camino a Marcilhac-sur-Célé. Pero hubiera sido una lástima no hacer esta breve parada y perdernos este bonito castillo (aunque no sea el mejor de la región, desde luego).

Marcilhac-sur-Célé

La tranquila población de Marcilhac-sur-Célé se encuentra a orillas del río Célé, uno de los principales afluentes del Lot. Aquí el paisaje es precioso y se respira una gran tranquilidad.

Al ser bastante temprano por la mañana no había nadie más aparte de nosotros. Nos acercamos hasta el borde del agua y contemplamos los árboles en flor, que nos recordaron que hacía pocos días que había llegado la primavera.

Marcilhac-sur-Célé cuenta con una magnífica abadía benedictina del siglo XI. En ella eran acogidos los peregrinos que realizaban el Camino de Santiago que discurre por aquí.

Las ruinas de la abadía de Saint-Pierre se pueden visitar, así como el museo de arte sacro ubicado en uno de los edificios anexos.

 Musee de l’Insolite

Circular por la carretera D41 desde Marcilhac-sur-Célé hasta llegar a la cercana población de Cabrerets es un auténtico placer. En algunos tramos se encuentra encajonada entre el río Célé y las altas paredes de roca caliza que se alzan a mano derecha.

A unos 12 km de Marcilhac-sur-Célé nos topamos con el curioso Musée de l’Insolite. Aunque es posible visitarlo a partir de abril, nosotros nos contentamos con contemplar solamente el exterior. Nos llamó tanto la atención que hicimos una breve parada para verlo más de cerca.

Dejamos el coche aparcado al otro lado del túnel que atraviesa la montaña, justo a continuación del museo. Después volvimos a pie sobre nuestros pasos, atravesando el estrecho túnel a toda prisa por si se acercaba algún coche y nos pillaba a medio camino.

Antes de montarnos otra vez en el coche, aprovechamos para echar un breve vistazo a las cuatro casas que constituyen Lapescalerie. Algunas están edificadas contra la piedra del acantilado, incluido un precioso molino.

Cabrerets

Volvemos a la carretera y después de tan solo 3,5 km llegamos a la pequeña población de Cabrerets. Las cuatro casas de Cabrerets están dominadas por el Chateau de Cabrerets. Este castillo fue edificado en el siglo XIII, y posteriormente se reconstruyó en el siglo XVI. Aunque, sin duda, lo más destacable de Cabrerets se encuentra a las afueras del pueblo: se trata de la impresionante Grotte de Pech Merle.

La gruta de Pech Merle es famosa por sus pinturas rupestres, perfectamente conservadas. Se trata de una de las muestras de arte paleolítico más importantes de Europa, así que bien merece una visita. Nosotros no pudimos contemplar esta maravilla, ya que al ser martes la gruta estaba cerrada. A partir del 1 de abril abre todos los días, pero nuevamente nos encontramos con el inconveniente de visitar la zona en temporada baja. Si queréis información sobre precios y horarios, podéis consultar su página web. Es importante tener en cuenta que solo se permite la entrada de 700 visitantes diarios, así que si realmente estáis interesados en esta visita, es mejor que reservéis plaza con antelación.

Además de acceder en coche, se puede llegar a la Grotte de Pech Merle a pie. Un sendero sale del centro del pueblo y lleva hasta la entrada de la gruta en 1 km aproximadamente. Eso sí, hay bastante pendiente y se necesita calzado cómodo.

Saint-Cirq-Lapopie

La población de Saint-Cirq-Lapopie es una de las más bonitas de todo el valle del Lot y, probablemente, de toda Francia. Enclavada a orillas del Lot sobre un acantilado que se levanta 100 metros sobre el río, desde la parte alta del pueblo se tienen unas vistas excepcionales de todo el valle.

Con sus tortuosas y empinadas callejuelas, sus casas con tejados marrones y sus calles empedradas, es un placer pasear por Saint-Cirq-Lapopie. Encaramada en lo más alto se encuentra una magnífica iglesia fortificada, dominando todo el pueblo con su presencia.

Si vuestra visita coincide con la hora de comer, os recomendamos el restaurante Le Gourmet Quercynois. Allí comimos de maravilla.

Bouziès

Tras la visita a Saint-Cirq-Lapopie, podéis acercaros hasta la población de al lado, la pequeña Bouziès. Al igual que Saint-Cirq-Lapopie, se encuentra situada en la orilla del río Lot. Ambas poblaciones están a menos de 5 km de distancia en coche, pero también se han comunicado desde hace siglos a través del río. Gracias a las distintas esclusas que permiten la navegación por este tramo del Lot, el río fue una importante vía de transporte de mercancías.

Chemin de Halage

En 1845 se construyó un camino de sirga, el Chemin de Halage, entre Bouziès y Saint-Cirq-Lapopie. Excavado directamente en la pared de roca del acantilado, permitía el paso de los caballos que se utilizaban para remolcar las gabarras cargadas de mercancías corriente arriba. El camino se extiende a lo largo de varios kilómetros, pero nosotros tan solo recorrimos un pequeño tramo, de unos 2 km aproximadamente entre la ida y la vuelta. El tramo que elegimos es quizá el más interesante, ya que permite observar de cerca los bajorrelieves que decoran las paredes de piedra por las que discurre el sendero. Fueron tallados por el artista Daniel Monnier en 1990 y la mejor forma de apreciarlos es con las manos. La suavidad y la textura de los grabados se disfrutan mediante el tacto.

Un agradable paseo junto al río

El sendero está señalizado mediante unas marcas blancas y rojas, tan solo hay que seguirlas hasta donde os apetezca caminar. Al inicio del camino encontraréis una amplia zona de aparcamiento en la que dejar el coche. A los pocos minutos de empezar a andar, habréis dejado atrás la vía del tren que cruza el río por un bonito puente de hierro. Es a partir de este punto cuando el camino queda encajonado entre las tranquilas aguas del Lot y la pared del acantilado.

El sendero es lo suficientemente amplio y seguro, pero tened en cuenta que no hay ninguna barandilla que os separe del río. Si vais con niños, no los perdáis de vista. Pronto se llega a la primera esclusa (hay otra más adelante, llegando ya a Saint-Cirq-Lapopie). Unas escaleras permiten bajar hasta el nivel del río, y nos quedamos allí un rato curioseando y contemplando el mecanismo de funcionamiento de las compuertas de la esclusa.

Podríamos seguir adelante, pero como aún nos quedan muchas cosas que ver en el día de hoy, decidimos dar marcha atrás y volver al coche.

Sin duda merece la pena acercarse hasta aquí. Es un paseo corto y muy agradable, sin ningún desnivel ni dificultad. Además, tuvimos la suerte de no encontrarnos con nadie en todo el rato que duró nuestra visita. Seguro que en verano esta zona está de lo más concurrida, pero ese día la tuvimos toda para nosotros.

Lacapelle-Marival

Muy cerca de nuestro hotel se encuentra la pequeña población de Lacapelle-Marival. Merece la pena detenerse y pasear por sus tranquilas calles. A última hora de la tarde, que es cuando nosotros la visitamos, Lacapelle-Marival está en calma y apenas vimos a nadie por los alrededores.

Sin duda lo que más llama la atención es el magnífico castillo del siglo XIII que se localiza junto a la iglesia del pueblo. Posteriormente reformado y ampliado, sus dos torres circulares son fantásticas.

Rocamadour

A unos 30 kilómetros de nuestro hotel se encuentra la curiosa población medieval de Rocamadour. Se trata sin duda de uno de los pueblos más pintorescos de Francia, y quizá por eso es uno de los más turísticos.

Rocamadour se encuentra encaramada sobre un acantilado, con unas vistas inmejorables desde lo más alto. Su disposición en tres niveles es muy llamativa. En la parte baja se encuentra la antigua villa medieval; en la parte superior se alza el castillo; y en la parte intermedia se halla todo el complejo de edificios religiosos que constituyen el corazón de Rocamadour.

Rocamadour ha sido desde siempre un lugar destacado en la historia de la región. Desde el siglo XII han acudido hasta aquí peregrinos de toda Europa para venerar a la Virgen Negra, cuyo santuario es uno de los principales atractivos de la población. Tampoco hay que olvidar que aquí reposan las reliquias de San Amador, que da nombre a Rocamadour. El cuerpo incorrupto de San Amador fue descubierto en 1166, y a raíz de este “milagroso” descubrimiento comenzó el peregrinaje de fieles hasta aquí.

El pueblo se vertebra a lo largo de una única calle principal, la calle de la Couronnerie. Está repleta de tiendas y restaurantes. Al estar todavía en temporada baja, la mayoría estaban cerradas. Tampoco había demasiados turistas visitando Rocamadour, lo que fue una suerte porque nos permitió disfrutar con calma del pueblo.

Un santuario excavado en la roca

Por una impresionante escalinata de 216 escalones se accede a la explanada del Santuario. Allí, protegidas por la imponente pared de roca, se encuentran un total de ocho iglesias y capillas. La más espectacular es la capilla de Notre-Dame, encargada de albergar a la Virgen Negra. Se trata de una pequeña talla de madera negra que recuerda enormemente a la Moreneta del Monasterio de Montserrat, patrona de Catalunya.

El conjunto de edificios es impresionante, especialmente debido a su magnífico emplazamiento. Merece la pena pasear con detenimiento y empaparse de la majestuosidad de este lugar.

También merece la pena subir hasta el castillo, en la parte superior del acantilado. El castillo no se puede visitar, pero las murallas sí (previo pago de la entrada correspondiente). Si os queréis ahorrar la empinada cuesta que lleva hasta arriba, nada mejor que usar el funicular (también hay ascensores que permiten salvar los distintos desniveles de Rocamadour).

El interior del funicular más bien parece un búnker de hormigón

Por último, no podéis iros sin haber probado antes el queso de cabra Rocamadour, con denominación de origen. Nosotros lo degustamos en forma de crepe, y está delicioso.

Martel

Martel es una población preciosa situada no muy lejos del río Dordoña. Su centro histórico es pequeño y compacto y está repleto de rincones con encanto. No os perdáis la visita a la iglesia de Saint-Maur. Es de estilo gótico y en el siglo XVI se encargó decorar su interior con unas bonitas pinturas policromadas que recubren techos y columnas.

En la plaza principal del pueblo destaca su mercado cubierto, una impresionante estructura de piedra y madera. No es el único de este estilo que hemos visto en este recorrido por la región del Lot, pero quizá es el más bonito y el mejor conservado de todos.

Después de dar un paseo por las calles de Martel se puede optar por disfrutar de un interesante paseo en tren. Se trata del Chemin de Fer Touristique du Haut-Quercy. Este antiguo tren de vapor (también hay un tren diésel) realiza un recorrido de 13 km entre Martel y la cercana Saint-Denis-lès-Martel. Además de atravesar túneles, el tren circula a 80 metros de altura por una cornisa que ofrece unas vistas panorámicas impresionantes del Valle de la Dordoña. Si queréis más información no dudéis en consultar su página web, donde también podéis ver fotos y vídeos del recorrido. Normalmente la temporada empieza el 1 de abril, así que si vais antes igual os lo encontráis cerrado como nos pasó a nosotros.

Aunque no podáis disfrutar de este trayecto en tren, Martel os encantará igualmente. Os mostramos algunas fotos más de esta bonita población.

Carennac

Esta diminuta población está situada a orillas del río Dordoña, en su margen izquierdo. Es un pueblo precioso y lleno de encanto, como todos los de esta región de Francia. Sus calles están adornadas con maceteros llenos de pensamientos de todos los colores.

En el centro de Carennac se levanta el Chateau des Doyens, del siglo XVI. Junto a él se encuentra la pequeña iglesia de Saint Pierre, del siglo XI. Es de estilo románico y su pórtico es precioso. Sin duda Carennac es una de las poblaciones que más disfrutamos al conocerla, nos pareció realmente encantadora.

Os mostramos algunas fotos más de Carennac. Es un pueblo tan fotogénico que os apetecerá retratar todos sus rincones.

Chateau de Castelnau-Breteneoux

A muy poquita distancia de Carennac, yendo en dirección a Loubressac, os recomendamos hacer una parada en este impresionante castillo. Este chateau pertenece al termino municipal de Prudhomat y es fácilmente visible desde la distancia.

Con su piedra rojiza y sus torreones, el perfil del Chateau de Castelnau-Bretenoux es realmente imponente. El castillo se encarama sobre un promontorio y a sus pies hay unas cuantas casas de piedra, del mismo llamativo tono rojizo que la fortaleza. El castillo se puede visitar y tenéis toda la información sobre precios y horarios en esta página web.

Gouffre de Padirac

Una de las principales atracciones turísticas de esta zona de Francia es la Gouffre de Padirac. Esta cueva es una auténtica maravilla, con río subterráneo incluido. Nos hubiera encantado poder conocerla, pero la temporada de visitas no empezó hasta un par de días después de habernos marchado. Una auténtica lástima, sin duda, ya que por las fotos que habíamos visto nos apetecía mucho verla en persona.

Toda la zona de Causses de Quercy está repleta de simas y cuevas. La roca caliza predominante en la región ha sido excavada por el agua durante milenios. Para acceder a la Gouffre de Padirac, que se encuentra a una profundidad de 103 metros, se usan unos ascensores (también hay escaleras). Una vez dentro, la cueva se recorre mayormente a pie, aunque hay un tramo navegable que se recorre en barca. Sin duda parece una experiencia interesante.

Si vuestra visita coincide con las fechas de apertura de la cueva y queréis acercaros a conocerla, tenéis toda la información necesaria sobre precios y horarios en su página web.

Loubressac

La bonita población de Loubressac merece el pequeño rodeo que hay que dar para llegar hasta ella. Las casas de piedra de este diminuto pueblo medieval se encuentran en lo alto de un promontorio. Las vistas de los alrededores son magníficas, pero lo mejor de Loubressac son sus calles y sus pintorescos edificios.

Si encontráis la iglesia de San Juan Bautista abierta, podéis entrar a echar un vistazo a su interior. De origen románico (data del siglo XIII), su bonito altar mayor es lo más destacable. En cuanto al castillo, del siglo XV, no se puede visitar ya que es privado.

Autoire

A tan solo 5 kilómetros de Loubressac se encuentra la pequeña población de Autoire. Es un pueblecito encantador que bien merece una parada. A pesar de su pequeño tamaño, está repleto de edificios señoriales y preciosas casas de piedra.

Pero lo mejor de Autoire se encuentra a las afueras. Dando un breve y agradable paseo de unos 2 km se llega a la bonita cascada de Autoire. Un sendero bien señalizado discurre por el bosque, paralelo al río. El ambiente húmedo y fresco del lugar seguro que se agradece en los meses más calurosos de verano, pero a principios de primavera aún hace un poco de frío.

En menos de media hora llegamos al pie de la cascada, de 30 metros de altura. No nos cruzamos con nadie en todo el rato, y la disfrutamos en completa soledad y silencio. Después desandamos el camino hasta llegar al coche.

Pero la cascada no solo se puede contemplar desde abajo. Siguiendo por la carretera D-38 enseguida se localiza una zona de aparcamiento al llegar a la altura de la cascada. Desde allí las vistas son muy buenas, pero más aún al adentrarse un poco por el sendero que permite recorrer el risco que rodea todo el valle.

Sarlat-la-Canéda

Sarlat es la capital del Perigord Noir. Su pasado medieval es perfectamente visible en el trazado de sus callejuelas. Sus plazas y palacios son una auténtica maravilla, y pasear por la comercial Rue de la République supone la ocasión perfecta para hacer algunas compras. La gran mayoría de edificios del centro de Sarlat han sido declarados monumento histórico, así que ese dato ya os puede dar una idea de la importancia del patrimonio arquitectónico que aquí se concentra. Nosotros tuvimos la mala suerte de visitar la ciudad bajo un intenso aguacero, lo que no nos permitió callejear tanto como nos hubiera gustado. Pero aún así Sarlat nos pareció una población imponente, con un rincón espectacular tras otro. Sin duda es una visita imprescindible si estáis por esta región de Francia.

Una visita pasada por agua

La Place de la Liberté nos pareció quizá la más bonita de todas, y la catedral de San Sarcedos es otra visita imprescindible (que nosotros no pudimos ni fotografiar porque en ese momento estaba diluviando).

En la Place de la Liberté se alza la antigua iglesia de Santa María. Data de 1365 y actualmente es el mercado de Sarlat. Su inmensa puerta es sin duda el centro de todas las miradas. La iglesia fue reconvertida por el arquitecto Jean Nouvel, y cuenta con un ascensor panorámico que lleva a un mirador en lo alto de la torre. Nosotros no pudimos disfrutar de las vistas, ya que se encontraba cerrada, pero la imponente visión del exterior ya mereció la pena.

En Sarlat también es posible degustar algunas de las delicias más famosas de la gastronomía francesa, como por ejemplo el foie gras. Aunque la forma de obtener esta delicatessen no invite demasiado a consumirla, hay que reconocer que está delicioso. La zona del Perigord Noir es donde se produce este sabroso manjar, y en Sarlat no han dudado en homenajearlo con una estatua de bronce dedicada a las ocas, fuente de riqueza de la región. Pero no solo de foie gras se vive: nosotros aprovechamos para comer un magret y un confit de pato magníficos.

Beynac-et-Cazenac

El impresionante castillo que domina la población de Beynac-et-Cazenac desde las alturas es una visita imprescindible si estáis por la zona.

La tranquila población de Beynac-et-Cazenac se encuentra a orillas del río Dordoña, también en el Perigord Noir. Desde el castillo las vistas de todo el valle son inmejorables. Pasear por las calles tortuosas del pueblo es un auténtico placer. Además, en cuanto empieza el buen tiempo existe la posibilidad de hacer una excursión por el río Dordoña en una gabarra. Las gabarras eran las embarcaciones tradicionales en las que se transportaban mercancías río abajo hasta el puerto de Burdeos.

A partir de abril varias empresas realizan estas excursiones. No son caras y duran una hora aproximadamente. Parten desde distintas poblaciones, entre ellas Beynac-et-Cazenac. Nosotros no pudimos contratar una ya que por unos pocos días todavía no había empezado la temporada. Pero sin duda parece algo muy recomendable.

El castillo medieval llama la atención por su austeridad. Construido en el siglo XII en piedra gris, resulta imponente. Su estado de conservación es inmejorable y ha servido de escenario para muchas películas, como por ejemplo Juana de Arco, de Luc Besson (1999).

Si queréis visitar el interior, en la web oficial encontraréis los precios y horarios. Si no queréis acceder al interior, siempre os podéis pasear por el exterior, junto a las gruesas murallas. En cualquier caso, os podemos asegurar que el castillo de Beynac no os dejara indiferentes.

Un magnífico final a nuestro recorrido por la región del Lot

Como habéis podido comprobar, la región del Lot tiene mucho que ofrecer. Tanto, que es imposible verlo todo de una vez. Siempre habrá algo que se quedará fuera del recorrido. Sin embargo, una escapada de Semana Santa o unas vacaciones de verano son perfectas para una primera aproximación a la que sin duda es una de las regiones más bonitas de Francia.

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